martes, 9 de octubre de 2012

LA RATITA "ENTRE LOS FLAMENCOS EXTREMEÑOS NO HAY HERMANAMIENTO"

La Ratita y sus circunstancias según Diego Gallardo, flamencólogo que la descubrió y se casó con ella: «La Ratita hacía gracia con 14 años, pero le decían que no cantaría nunca flamenco, unas sevillanitas si acaso. Pero cuando empezó a cantar con 18-19 años, la gente se volvía loca con ella y a los cantaores ya no les caía tan bien. En las peñas nos empezaron a poner malas caras y a mí, las malas caras me la traen floja».
«Y en vez de ir por aquí por las peñas pues nos fuimos a las peñas de Madrid, donde se preguntaban de dónde había salido porque la voz de La Ratita es un auténtico cañón. Y cantando flamenco por derecho, por soleá, por seguidillas, puedo decir muy orgulloso que en España no hay nadie que las haga como ella, ni Mercé, ni nadie».
Con la crisis, en el tablao de Arco de Cuchilleros, «donde ella cobraba fuerte», cortaron el flamenco y dejaron sólo el baile. «Nos vinimos aquí, prosigue su esposo, donde en la consejería se portaron muy bien con nosotros. Han sido los únicos. Porque La Ratita ha estado vetada en Extremadura por una asociación de peñas que el presidente era de Cáceres».
-¿Por qué está vetada, La Ratita?
-Lo hemos vivido en nuestras carnes, pero no sé el motivo. Me lo han demostrado. He hablado con gente de que íbamos a ir a una peña y luego nos decían que el presidente de esa peña había dicho que yo no podía ir allí. Me gustaría saber los motivos. Una vez que contaron conmigo quedó todo muy bien. Me siento desplazada en ese aspecto.
-¿A qué edad conoce a Diego?
-Lo conozco con nueve años en Zorita, mi pueblo.
-¿Y a qué edad se enamora de él?
-No me enamoro a los nueve. Bueno, sí me enamoro a los nueve, lo que pasa es que él tenía su vida, yo, la mía. Dejamos durante un tiempo de vernos. Yo empecé los estudios en Miajadas y cuando tenía 14 años, nos volvimos a ver. Él me dijo que por qué no me iba a Logrosán, porque él es de Logrosán. Te vienes un día en semana, ensayamos un poquito, te vas preparando. Lo tomé como hobby y también por estar con él, porque ya sentía cierta mariposilla. Y desde entonces hasta ahora, que tengo 33, ha sido un estudio constante, una lucha, abrirte camino a empujones. Con 18 años recién cumplidos, cogimos un mesón en Navalvillar de Pela y montamos un tablao flamenco. Estuvimos dos años y medio con el tablao, nos casamos aquí, compramos nuestra casa aquí.
-¿El primer concierto?
-Fue en Logrosán y tenía 12 años. Aquel mismo año ya actué en las fiestas de Zorita. Estaban Juan Bazaga, que era barbero en Mérida y acabó siendo guitarrista, el cantaor Antonio Cidre, que me dejó un huequito y salí con un traje de sevillana prestado y Juan Bazaga a la guitarra.
-Y hasta hoy.
-Diego y yo hemos partido de la nada. Él aprendió los conocimientos y me los transmitió en el salón de casa. Fuimos recorriendo todas las peñas de Extremadura. No tuvimos miedo en coger las maletas e irnos a Madrid a recorrer las peñas flamencas. Luego ya me llamaron para la semana de la mujer cantaora en Ávila, de las casas de Extremadura y Andalucía, con esfuerzo, sin dinero apenas. A veces, casi tenía que pagar para cantar. En Madrid surgió trabajar en los tablaos. El primero fue Casa Pata, que es como la catedral del flamenco. Allí estuve con una compañía. De allí, al tablao de Arco de Cuchilleros, donde he estado cinco años de primera figura del cante, cantando martes y miércoles de cada semana. Llegan las actuaciones en salas de prestigio como la sala Galileo o la sala Clamores de Madrid. Sitios donde para trabajar has de tener cierto currículo.
-¿Qué hace en este momento?
-Rematando el verano: Cabeza del Buey, Fuente de Cantos, Navalvillar. Tenemos en proyecto un disco con Enrique de Melchor a la guitarra, también muy buen amigo nuestro. Se titulará 'Pellizcos al alma'. Tengo otro disco grabado a los 15 años en Fonoruz, de Córdoba, que se llama 'Extremeña y canastera' y está agotado.
-¿Se puede vivir del flamenco en Extremadura?
-Se puede vivir, pero se podría vivir mejor. Se puede vivir a temporadas. Faltan salas. Si hubiera más cultura flamenca en los ambientes de noche, se podría vivir mejor. Nosotros vivimos de esto. Mi marido es retirado de la Guardia Civil, con lo cual se pudo dedicar a esto. Tengo un sueldo que me respalda. Si necesito un plato de comida no me va a faltar nunca. Elijo mi trabajo. Pero nosotros en casa notamos cuando tenemos trabajo, está claro. Hay meses en los que no tenemos que tocar el sueldo. Somos dos personas, pero estamos pagando hipoteca.
-¿Se llevan bien los flamencos?
-El flamenco en Extremadura va muy bien. Hay una hornada de mi edad que es buenísima y están muy preparados. Lo único que le falta al flamenco en Extremadura es buen ambiente. Yo estoy acostumbrada a la rebotica del flamenco fuera de Extremadura donde los compañeros son de verdad compañeros. Aquí falta un pelín de cariño entre los compañeros. Ese cariño fomentaría que estuviéramos más preparados y nos enseñáramos los unos a los otros. A mí, en Madrid, una bailaora me ha enseñado a cantar para atrás en el escenario, cantar para el baile. Aquí es distinto, no hay hermanamiento entre los flamencos.
-¿El público?
-Por mi experiencia, responde muy bien. Al público lo que no se le puede es engañar. Tú vas una vez y si repites es porque has gustado. Otra cosa es que por darles más popularidad obliguen a contratar a determinados artistas, pero solo sucede con las peñas. En los pueblos eso no pasa, ahí no hay engaño. Al público no se le puede engañar. Si lo engañas, es una vez.
-¿Usted compone?
-En flamenco está todo compuesto. Yo no compongo. Las letras las hace Diego. A mí me gusta cantar derecho, cantar con un guitarrista al lado y 'pelao'. Me siento muy identificada con la seguidilla, pero me siento muy a gusto cantando por 'toná'. En la 'toná' no llevas acompañamiento de ningún tipo. Es como cuando cantas una saeta. A palo seco en el escenario, como en los principios del flamenco. Yo soy cantaora de pureza.
-¿Para ser buena cantaora es imprescindible haber sufrido mucho?
-Sí. Yo creo que sí. Hay que sufrir cantando. Si yo digo que he sufrido, miento, me puede castigar Dios. Mis padres me lo dieron todo y una vez que conocí a Diego, me puso la vida de lo más fácil que podía tenerla. Pero si tú cantas con todo el cuerpo sentado en la silla y no sufres, no te duelen los riñones cantando, no sudas. Eso no va a ningún sitio. Eso no transmite. ¿Cómo vas a tener que sufrir para hacer algo que te gusta? Pues sí señor, en el flamenco hay que sufrir.
-¿Es cierta esa relación del flamenco con las noches de farra, con los amores fatales, con las biografías canallas?
-Bueno, es cierto en la historia, pero en la actualidad ya no. Ahora, los cantaores, al acabar de cantar se tienen que ir a casa a dormir porque las gargantas se curan durmiendo. Yo soy una persona que no bebe alcohol para nada. Trasnochar lo llevo fatal. Pero sí que antiguamente, un cantaor, para poder comer, tenía que esperar a que viniera el señorito de turno y se lo llevara a su cortijo o a su casa, donde él tuviera su fiesta organizada y estaban cuatro o cinco días con sus noches y bebían y se alternaba y las mujeres en aquella época, pues madre mía...
-¿Y las voces, cómo las cuidan? Si yo canto diez segundos como usted, estoy afónico una semana.
-Para poder cantar hay que tener algo de técnica, aprender a respirar, usar algo el diafragma, no tirar de la garganta tanto. Yo soy una cantaora muy racial. Tengo que hacer mucho esfuerzo. Pero la garganta se cuida como cualquier músculo del cuerpo: dándole ejercicio paulatinamente a diario, dándole su descanso correspondiente y no maltratándola, relajándola. Mis ensayos son como un entrenamiento deportivo.
-¿Cómo es la vida en este pueblo, en Navalvillar de Pela?
-Para mí. Es mi oasis, no tengo palabras. Es el mejor pueblo del mundo. Nací en Zorita, donde me crié y viven mis padres, pero Navalvillar de Pela yo no lo cambiaría por nada. He tenido la oportunidad de irme a vivir a Jerez, a Madrid, donde el alcalde nos regalaba una casa en Mejorada del Campo, en La Unión, en Zamora. Sin embargo, yo si estoy por ahí fuera, echo de menos amanecer en mi pueblo. Navalvillar de Pela es un pueblo muy pueblo. La gente es del pueblo, está unida en todo, da segundas oportunidades para todo. Dicen en Navalvillar: 'El que entra en Pela, pela a Pela, el que no entra en Pela, Pela le pela'. En mi caso me han acogido como su niña. Yo voy por la calle y no puedo ir sin saludar, sin mover la cabeza, Rati, me dicen, qué alegría llevas siempre porque aquí me llama Rati todo el mundo.
-¿Ratita, hay muchos gatitos peligrosos en el mundo del flamenco?
-Hay que andar con mucho cuidado porque hay gente que te da la puñalada por detrás. Soy una persona que de tan espléndida que soy parezco tonta. Soy demasiado simpática y hay gente que lo confunde. En mi trabajo soy sota, caballo y rey, muy meticulosa y responsable, pero cuando termino me gusta relajarme con mis compañeros, tomar algo y con el aficionado hay que tener cuidado, estar alerta. Sobre todo que empecé con 15 años, pero afortunadamente, en esa etapa siempre llevaba a mi marido al lado. Siempre hay esos casos que interpretan mal la simpatía, que por hablar contigo una vez, ya piensan que.
-¿Y hace falta ser perro viejo, tener a Diego, su marido, cerca?
-Mi marido, siempre que ha visto una piedra en el camino, me ha advertido: cuidado con esto. Hay que ser muy avispado porque con malas artes te pueden hundir. En Extremadura una persona puede subir en cuatro días o hundirse en media hora por un fallo o porque te hayan llevado a ese fallo. Hemos tenido la experiencia de compañeros que al salir de los tablaos han tenido problemas: los han atracado o se han cobrado las rencillas. Pero la presencia de Diego nos ha salvado de más de una situación de esas.
(Interviene su marido: Ella ha tenido pocos problemas en esta vida porque yo soy muy mal encarado. Si voy vestido de calle normal, puedo parecer cualquier cosa, un delincuente, y si voy vestido bien, parezco un narco, un mafioso. Con nosotros no se mete la gente jamás porque piensan: Ese tío tiene una pistola en la cintura y te pega un tiro. Pero yo soy un bendito. No soy capaz de matar una mosca).


17.10.10 - J. R. ALONSO DE LA TORRE
http://www.hoy.es/v/20101017/regional/entre-flamencos-extremenos-hermanamiento-20101017.html

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