lunes, 23 de enero de 2012

DE TANGOS Y JALEOS, RAZA FLAMENCA EXTREMADURA. NIMES 2012

Texto: Estela Zatania
Fotos: J.L. Duzert

En el Festival de Nimes a lo largo de la semana ha habido diversas conferencias con personas como José de la Vega, Claude Worms, Corinne Savy o José Manuel Gamboa entre otros. El tema de ayer, desglosado por Francisco Zambrano y titulado “Extremadura en el Flamenco: sus cantes, sus artistas”, fue el perfecto prólogo para lo que iba a tener lugar por la noche en el teatro.

Expectación máxima para la oferta “exótica” que llegaría al escenario del Teatro de Nimes desde el extremo occidente de España. Esta noche no iba a haber nada “experimental” ni obras “arriesgadas”. Dos voces masculinas, una de mujer, tres guitarras, un cajón y un sorprendente bailaor setentón iban a despeinar al exigente público francés. Una noche absolutamente triunfal en la última Bienal de Flamenco de Sevilla ha dado lugar a esta presencia extremeña en Nimes gracias al criterio inteligente de la dirección del festival.

Los flamencos extremeños compensan cierto complejo de no ser andaluces con la apasionada defensa de su patrimonio haciendo que se conserve el característico sabor de sus cantes. Aquí en Francia no hay necesidad de promocionar la identidad extremeña ya que el flamenco se contempla como género artístico y punto, pero el fuerte sabor de los tangos y jaleos fue un maravilloso descubrimiento para muchos.
Melodías relajadas que descansan largamente de acorde en acorde, coletillas coreadas y armonizadas, un compás sin prisas ni pausas y un aroma a tiempos más sencillos. El flamenco extremeño es el viaje a un pasado que sigue vigente y que no va a perder relevancia porque no es producto perecedero. Escuchas las características melodías de sus tangos y jaleos, lo que hace años llamamos “bulería extremeña”, y todo es sabor, la ausencia de modas o mezclas. En la oscuridad del teatro me viene el pensamiento: sabor es la antítesis de la fusión.


El público embelesado, fascinado…uno detrás de mí susurra a su compañera “eso es de Camarón”. Pero estos cantes habían estado circulando largo tiempo en Extremadura gracias a las grabaciones de Porrinas de Badajoz, y posteriormente fue Camarón que los popularizó y los puso en boca de todos. Hace cincuenta años decir “tangos” era decir “tangos de Cádiz”. Hoy en día ¿qué cantaor no incluye algún cante extremeño en su repertorio?.


El vaivén del jaleo en frases de tres tiempos recuerda el compás de Lebrija, aunque el compás mixto de la bulería siempre descansa justamente debajo de la superficie o incluso se expresa de cuando en cuando. El Madalena canta el famoso fandango de Pérez de Guzmán con su característico compás abandolao. La Kaíta, única mujer del cuadro, es una cantaora con voz de cobre tensado que se rompe en un escalofriante grito pelao, un tremendismo que acabas aceptando por los pelos sólo porque sientes la brutal necesidad de la cantaora de expresarse así. Canta por fandangos con el sabor antiguo de la guitarra “por medio”.
Hay una dedicatoria para “todos los emigrantes”, y el maestro Miguel Vargas puntea la canción del mismo nombre. La Kaíta por su parte dedica unos jaleos a Diego Carrasco y a Bobote con versos que hablan de Extremadura y sus cantes.


Un personaje singular cautivó y prendió fuego al público con cada intervención. El Peregrino ganó en 1963 el primer premio de baile en el concurso de Jerez. Bailaor rigurosamente elegante con la fuerza dosificada, enérgico y espontáneo, su rostro es un poema de vivencias. Su baile final provocó los primeros aplausos rítmicos en lo que va de semana. Hay bis, y la Kaíta le canta “Al alba” por bulerías. No hay forma de que el público deje marcharse a los extremeños. Otro bis, ahora por tangos, canta el Peregrino, luego baila con Kaíta, la casa viene abajo y todo el mundo en pie. El tercer bis…¿o es el cuarto?, he perdido la cuenta, es “un focló que vamos a meter por rumba” explica Vargas, y tocan sin miramientos una pieza en tono mayor con sabor tropical. Una noche inolvidable.

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