sábado, 24 de diciembre de 2011

ZAIRA SANTOS "HAY QUE LEVANTAR EL FLAMENCO; SOMOS CULTURA"

Me comenta una amiga, bailarina de danza oriental que lo que le gusta de Zaira Santos (Mérida, 1982) son sus 'figuras'. Movimientos que le recuerdan a bailes africanos, primitivos. Y es verdad. Zaira va ganando cordura en el baile, y cada vez que se sube al escenario lo hace con más fuerza. Cada día tiene más argumentos y cada noche, pisa las tablas con menos miedo. Algo tendrá que ver que te flanqueen los Vargas. Apuestan por ella, la mecen con la guitarra y la rescatan cuando el poco tiempo que lleva como solista, le juega una mala pasada.

-Zaira, ¿existe el baile extremeño?
-Bueno, creo que al igual que el cante y el toque, todo bailaor o bailaora extremeña siente por tangos y jaleos extremeños algo diferente. Es nuestra tierra, nuestro aire. Igual que Jerez tiene su soniquete, su bulería, Sevilla su escuela sevillana, nosotros tenemos nuestro sello. Solo hay que oír cantar a La Kaíta, o escuchar tocar al maestro Miguel Vargas. Esa es la pureza extremeña.

-¿Y cómo se mata la nostalgia de Extremadura fuera de ella?
-Recuerdo que hace ya seis años, cuando estuve en el tablao Palacio Andaluz en Sevilla, al finalizar el espectáculo se hacía un fin de fiesta y mira María Isabel, aunque fuera por bulerías siempre le decía a los cantaores que cuando saliera a bailar, me cantaran letritas de Extremadura «camino la feria Zafra» y cosas así... No sé, sentía 'cosquillitas' por el estómago que me hacían sentir, y mucho....

-Ha salido de las faldas de Cristina Hoyos para emprender su carrera en solitario, ¿hace frío fuera de sus volantes?
-Le estoy muy agradecida a Cristina por la oportunidad que me brindó, a pesar de que casi, ¡no sabía bailar!, pero soy muy feliz bailando sola. Recuerdo el día que me vio en la Academia de Manolo Marín, ahora cedida al maestro Manuel Betanzo. Estábamos en clase y apareció por la puerta. Me puse tan nerviosa que las piernas empezaron a temblarme y al finalizar la clase me dijo que si quería grabar un vídeo para su museo. Cuando finalicé la grabación, me propuso entrar en la compañía. No me lo creía. Uno de mis sueños se había hecho realidad. También estaba con mi compañero y amigo Jesús Ortega. Él me ha protegido y cuidado durante todo el tiempo que hemos trabajado juntos y desde aquí, también le doy las gracias.

Fotografía Periodico Hoy

-¿Y cómo ve ahora el baile de una compañía desde la soledad del escenario?
-Cuesta bailar sola, cuando estás acostumbrada a hacerlo rodeada de veinte personas, pero me alegro de hacerlo. Ganas en seguridad, en confianza y bailas diferente. En una compañía te tienes que regir por una coreografía predeterminada. Sola, bailas tú. Mejor o peor, pero eres tú misma, como tú sientes. Es algo maravilloso.

-¿Cómo es la experiencia de formar parte de un montaje, de un espectáculo de primer nivel?
-He tenido la oportunidad de haber estado en dos espectáculos producidos por la Junta de Andalucía: 'Romancero Gitano' y 'El Poema del Cante Jondo' bajo la dirección teatral de José Carlos Plaza y coreografías de Cristina Hoyos y, de verdad, estos montajes son algo que se crean con mucho esfuerzo. No solo es el baile. Es una puesta en escena: luces, sonido, mucha gente trabajando para un mismo fin. En montajes de esta envergadura, todos los detalles cuentan. Aprendes no solo a nivel físico, también de forma espiritual. El estar tanto tiempo fuera de casa a miles de kilómetros, donde tienes un día 'malillo' y no puedes levantar el teléfono para hablar con quien siempre te suele escuchar... vamos, en mi caso, mi madre, te hace fuerte, madurar y aprendes a abrirte a los que en ese momento tienes cerca: tus compañeros, muchos de ellos amigos y a los que, después de dos viajes, ya se convierten en tu familia.

-¿Qué se aprende sobre los escenarios de medio mundo?
-Se aprende a que el artista no solo se encuentra sobre el escenario. Recuerdo con mucho cariño y asombro el viaje a la Habana, Cuba, donde en cada esquina te encontrabas un artista que cantaba, bailaba o tocaba algún instrumento y encima, siempre de maravilla. Eran puro sentimiento y lo hacían de corazón, porque eso se nota. Lo más sorprendente es el amor que le tienen al flamenco. Sin haber salido nunca de su país, sin tener los avances que hoy en día tenemos para aprender, ellos bailan, tocan y cantan muy, pero que muy bien. Son gente maravillosa.

-¿Cómo ve la posibilidad de crear el 'Ballet Nacional de Extremadura'?
-Creo que en los tiempo que corren es difícil crear este tipo de compañías. Es algo que pagaríamos todos los extremeños y, como está la cosa, creo que sería imposible. Yo vería mejor que se apoyara más al flamenco, que hubiera becas para todo aquel que quisiera dedicarse a esto, y así crear más oportunidades. Hay que levantar el flamenco, somos cultura, ¡somos Patrimonio de la Humanidad!

-¿Qué le ha enseñado Extremadura a Andalucía?
-Bueno, no solo a Andalucía sino, ¡al mundo entero! Le hemos enseñado lo que Extremadura mejor hace: sus tangos y jaleos. Ya los difundió uno de los mejores cantaores, Porrina de Badajoz. Con él todo el mundo supo que en Extremadura también había flamenco. Somos parte de ello y aunque Andalucía es muy suya debe de reconocer que para coger ese aire hay que venir aquí, darse una 'vueltecita' por la Plaza Alta, o por algún 'rinconcito' de Extremadura donde se respire buen flamenco.

-Y a usted, ¿qué le ha enseñado?
-Me enseña cada día que es mi tierra. Que es la que me dio la vida, me vio nacer, me ha visto evolucionar y donde he sido muy feliz. Por desgracia tuve que marcharme para seguir formándome, pero la tierra tira mucho, y aunque yo también me he hecho un 'huequecino' en Sevilla, la tierra es la tierra y siempre tira.

-Bueno, a falta de un ballet propio tenemos dos extremeños en el de Andalucía...
-Siempre que salimos de gira y la gente nos pregunta que de donde somos, los compañeros siempre contestan: «Somos todos andaluces», y si no es 'mi' Jesús Ortega soy yo los que saltamos diciendo: ¡no, perdona!, ¡que nosotros somos de Extremadura!. Personalmente me ha enseñado como soy, mis costumbres. Aunque estamos al 'laíto' los andaluces y extremeños somos diferentes.

-¿Qué escenario le ha dado más?
-Bueno, yo respeto a todos: Al grande y al chico y de todos se aprende. Todos te aportan algo, aunque le guardo gran cariño a dos de ellos: al Teatro Romano de Mérida, y al Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera. En Mérida estuve con el espectáculo 'Extrebejí' que produjo la Junta de Extremadura para el cantaor Cándido de Quintana, bajo la dirección teatral de Paco Carrillo, coreografía de Jesús Ortega y música de Diego Antúnez. Fue una experiencia maravillosa. Recuerdo que al principio de la obra hacía una 'pincelaíta' a compás de taranto, y pasé todo el tiempo llorando de emoción. No me creía que estuviera allí, en mi tierra, con toda mi gente y en aquel maravilloso escenario. Fue algo, que aún hoy, no puedo explicar. En Jerez fue el día de mi estreno con la compañía andaluza. Recuerdo que saludaba al final, en uno de los extremos que componíamos aquella enorme fila, y no lo podía creer, ¡estaba en la compañía de Cristina Hoyos!

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