miércoles, 10 de agosto de 2011

JAVIER CONDE "PARA HACERTE UN NOMBRE CON LA GUITARRA TIENES QUE IRTE FUERA DE ESPAÑA"



Durante años niño prodigio de la guitarra, sabe lo que es ganar el Bordón Minero de La Unión y recibir aplausos en cuatro continentes.







Para él la felicidad consiste en estar a gusto consigo mismo y «poder vivir de lo que me gusta, que es tocar la guitarra». A los 22 años de edad, su nombre ya está inscrito en los festivales de guitarra flamenca más prestigiosos de España. Acaba de hacer un alto en su gira de conciertos y confiesa que ya ha compuesto algunas piezas para su novia.






-¿Paco de Lucía es su guitarrista favorito?



-Está dentro de un círculo amplio de grandes guitarristas. Y Paco de Lucía si no lo está presidiendo, está cerca del que lo preside. Me gustan también Niño Miguel, Sabicas, Niño de Ricardo, Manolo Sanlúcar... Pero Paco de Lucía es el que más suena para la gente que no está tan metida en el flamenco.






-¿Con quién está más orgulloso de haber tocado?



-Cuando tienes la oportunidad de cruzarte con un artista consagrado y al que tú has admirado, pues evidentemente es un gustazo y una recompensa. Por ejemplo, ahora, en el caso de Manolo Sanlúcar, que me está llamando para hacer grabaciones y que colabore con él en una obra en la que están todos los grandes artistas del flamenco de la actualidad, una especie de antología, donde reúne la guitarra, el cante y el baile, pues es ilusionante. La verdad es que yo sigo desde hace unos años el curso sobre guitarra que él da en Córdoba. Por cierto, ahora va a presentar un proyecto muy importante en el Partenón de Atenas en el que también colabora la Junta de Andalucía y Desarrollo Flamenco.






-Cuando era más joven o incluso de niño, ¿le metía mucha presión el que le llamaran o le presentaran como 'joven promesa'?



-A eso no le prestaba mayor atención. Tocaba y después que cada uno opinase como quisiera. La presión es ahora, cuando te das cuenta que están pagando las dietas, el transporte, el desplazamiento, más sueldos, caché... y tienes que estar al cien por cien para no defraudar a la gente que ha puesto todo eso para que estés allí y con el respeto que merecen.






-¿Se considera una persona tímida o es que los guitarristas flamencos, en general, son de pocas palabras?



-No, yo el tema del flamenco lo respeto mucho. Luego, si hablamos del Barça o de otras cosas, pues es otra historia.






-Paco de Lucía no es muy hablador, precisamente.



-Depende de como te lo encuentres. Esta gente viene de vuelta de todo. Llevan cuarenta años dando vueltas sin parar y la verdad es que al acabar el concierto no tienen ganas de hablar con nadie, sino de irse porque están cansados de ir para acá para allá y que todos los días mil personas se tiren a él. Llega un momento que estás estresado. Y más Paco ahora, que tiene problemas de tendinitis, de artrosis, y ya no puede mover igual la mano. Y si además estás agotado mentalmente, pues apaga y vámonos.






-¿Pero tocando qué asuntos se encuentra más a gusto, más conversador?



-En todos. Yo soy bastante extrovertido y me suelo acoplar bien a cualquier sitio. Desde pequeño siempre he estado por ahí y nunca he tenido problemas.






-¿Hay algún tema que le haga discutir con los amigos?



-Lo de siempre, el fútbol. O los videjuegos. Soy del Barça y suelo jugar a la Play, como todos los chavales de hoy en día.






-¿Cuántas horas diarias le dedica a la guitarra?



-Lo fundamental es hacer buenos ejercicios para mantener lo que ya tienes. Ahora suelo tocar tres horas o tres horas y pico, pero porque tengo un nivel que no necesito más. Pasa como con los muebles, que se cristaliza el barniz. Con la guitarra es igual, por mucho que toques nueve o diez horas no vas a subir el nivel, lo único que te puede pasar es que te lesiones la mano, porque los músculos están hechos para un esfuerzo, no para estar todo el rato en funcionamiento.






-¿Y cuántas horas le dedica a Internet?



-Pues a lo mejor más que a la guitarra. Pero son cosas banales, tampoco estamos salvando el mundo por Internet. Tengo Tuenti y Facebook, pero al Facebook no le hago mucho caso.






-¿Cuántas guitarras posee?



-Muchas, ocho o diez. Casi ninguna baja del millón de pesetas [6.000 euros]. Son guitarras de profesional. Antiguas, hechas de otra forma. Con maderas que necesitan 50 o 60 años para que no se abran o se partan. Y cuando han pasado veinte o treinta años y han sido tocadas, las guitarras suenan mejor todavía.






-¿Para ser una figura de la guitarra hay que salir necesariamente fuera de España?



-Para ser una figura reconocida, sí, porque en España sabes como está la cosa. Festivales cada vez hay menos por la crisis económica. Y para hacerte un nombre tienes que irte fuera de España.






-¿En cuántos países ha actuado?



-Sólo nos falta Oceanía para estar en los cinco continentes. Hemos visitado casi toda la Unión Europea. Me faltaba Inglaterra, y fuimos el año pasado tres veces. Y Estados Unidos, Latinoamérica, Asía, Marruecos y otros países del norte de África, Líbano... A primeros del próximo mes actuamos en Austria...










Javier Conde.

Fotografia Jorge Rey



-¿Existe algún país que muestre especial sensibilidad con el flamenco?





-A la gente le gusta mucho el flamenco; es una cultura que se adapta a cualquier sitio. Y lo respetan. Siempre que vamos al extranjero, los teatros están a reventar. Eso es lo que te va dando la fama. Eso y entrar en un círculo de músicos de prestigio.








-¿En el extranjero siempre toca piezas flamencas?






-Casi todo flamenco. Alguna vez he tocado 'Recuerdos de la Alhambra', de Tárrega, que es un trémolo, pero como bis. O 'Los cuatro muleros', a ritmo de bulerías, y algunas canciones populares andaluzas. Eso al público mayor le gusta mucho. Pero tiene que haber un repunte de todo. No puedes ofrecer siempre jamón. Está bueno el jamón, pero da un poquito de queso también. [Risas].









-A los diez años ganó su primer premio en Jerez de la Frontera. ¿Cuántos ha ganado desde entonces?





-Por lo menos doce o trece primeros premios. Las primeras salidas a los concursos las haces para que a la gente le vaya sonando tu nombre.








-Y supongo que por los premios económicos ¿no?





-Hombre, claro, lo monetario también te hace tirar para adelante y llegar a fin de mes. Y como la mayoría de los concursos son en Andalucía, la cuna del flamenco, pues también te ayuda a hacerte un nombre y más en mi caso, que soy de Extremadura, de Cáceres, una zona tan alejada de sus historias.









-¿Le ha compuesto alguna pieza especial a alguna amiga?





-A mi novia le he compuesto una bulería. Y tengo otras piezas.








-De niño tenía que ponerse uñas de plástico para tocar la guitarra porque se le rompían.





-Ese problema se solucionó con un producto cosmético, con una crema que penetra por donde crece la uña y ayuda a que nazca fuerte. Y usaba también un esmalte que hace que resbale por encima la cuerda y no se vaya la uña. Pero ayer se me rompió una uña y la arreglé con un poco de papel higiénico y 'superglub'. Se lima luego, y ya está.









-¿Se imagina toda la vida, de ciudad en ciudad, dando conciertos?





-Es que dar conciertos me gusta. Lo que más cansa son los viajes. Cuando estás en el sitio no te importa, pero pegarte cuatro o cinco horas de avión más otras dos o tres de espera en el aeropuerto, a veces llegas supercansado, con ganas de irte a la cama en vez de ponerte a tocar.








-Bueno, pero hará algo de turismo por los países donde actúa.





-Sí, mi padre lo suele arreglar para quedar un día antes, al día siguiente el concierto y después otro día libre para visitar la ciudad.









-¿Siempre viaja con su padre?





-Al extranjero, siempre. Porque aparte de que sea mi padre, me acompaña por la cuestión musical: él toca conmigo como segunda guitarra.








-¿Por qué cree que a los jóvenes de ahora el flamenco no les llega tanto como otras músicas?





-En su época, cuando tenía diez o doce años, su padre o su abuelo escucharían copla, flamenco o música aflamencada por lo menos. Es lo que había en la radio y en la televisión. Ahora mismo tienen Internet y la posibilidad de escuchar cualquier música del mundo y en cualquier momento. Eso quita oportunidades al flamenco. Y si pones los '40 principales' y ves cómo están apoyando la música americana, pues no sé ya qué decir.








-¿Como definiría el flamenco?





-Es un arte. Hay caminos buenos y caminos malos. Los buenos te llevan al éxito y los malos, pues te llevan a las tinieblas. Hacen que te digas: «¿Por qué no me llaman? Fíjate lo bien que toco. Y a este sí y a mí no...» Y tus propias divagaciones te van alterando. Es un trauma pensar que podías haber llegado a un sitio con el que soñabas y quedarte en el camino. Y eso le pasa a muchos artistas.









-¿Para el guitarrista flamenco acompañar a un cantaor es algo de segundo nivel?





-No, no, qué va. Dentro de la guitarra está la guitarra flamenca de concierto, que es la que hago yo cuando doy un concierto, y luego está la guitarra de acompañamiento al cante o de acompañamiento al baile. Son facetas distintas y cada una tiene su historia. Acompañar al cante tampoco es fácil. Ni al baile tampoco.








-¿Ha sentido verdadera emoción acompañando a un cantaor por la fuerza de lo que estuviera expresando?





-Sí, el cante flamenco es emoción. Sobre todo cuando son palos, estilos, que encierran sufrimiento. En algunas seguiriyas o soleás se nota el sufrimiento que ha habido. Ahora ya no, ahora la gente canta las letras, «ay, qué pena, madre mía, que tengo hambre», y cuando terminan cogen el coche, el millón de pelas y se van a la playa. Las penas esas de «que no tengo para dar de comer a mis niños» eso ya no... Esto ha cambiado mucho. A mí me han emocionado, por ejemplo, José Mercé, al que he tenido la suerte de poder acompañar, y hace poco a David Pino, un cantaor de Córdoba, que está de profesor en el conservatorio y al que también acompañé en Cáceres.








-¿El flamenco está más cerca de la pena, del quejío, que de la alegría?





-Tiene de los dos. Los cantes de compás, que son las alegrías, los tangos, las bulerías, las rumbas... son los más fiesteros y luego están los otros, los de ritmo libre, por ejemplo, la malagueña, la granaína, una taranta, la petenera que llevan el ritmo que cada uno le quiera imprimir.







-¿Es partidario del flamenco fusión o de la pureza total?



-Hasta cierto punto. Yo también toco con percusión y con el bajo eléctrico, pero en las obras que encajan bien, no metidas con calzador. De todas fomas lo de la fusión me parece un aspecto más comercial, para vender discos. Porque tú no vendes discos cantando peteneras y malagueñas. Vendes discos si te juntas con la de Chambao y haces una rumba o te juntas con Kiko Veneno.






-¿Le gustaría tocar la guitarra eléctrica, como Carlos Santana, por ejemplo?



-Me gusta mucho también la sonoridad que tiene la guitarra eléctrica. La técnica de mano izquierda es igual, aunque de mano derecha tienen la púa y eso es diferente y tiene menos recorrido al estar con una púa y no con cinco dedos para hacer diferentes sonidos y matices.











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