viernes, 17 de junio de 2011

MIGUEL DE TENA

GRAN TRIUNFO FLAMENCO DE NUESTRO MIGUEL DE TENA, EN UNIÓN DE PITIGO Y ARCANGEL (Recogido por el amigo Manolo Bohórquez del Correo de Andalucía)
Pitingo, pitingueros y pitinguitos





Desde una célebre actuación de Camarón de la Isla en el Auditorio Municipal Los del Río de Dos Hermanas, en los ochenta, el Festival de Juan Talega no había congregado a tantos miles de personas: según los organizadores, la noche del pasado viernes entraron más de cinco mil almas para ver de cerca al célebre Pitingo, aunque hay que reconocer que Arcángel y Miguel de Tena tienen también su tirón para el público. Pero la mayoría de los asistentes fueron a ver de cerca a quien, para algunos, es el nuevo revolucionario del cante flamenco. Nada más y nada menos. Lo demostró cuando al principio de su actuación dijo que iba a cantar unos martinetes de Juan Talega y no hizo ni una letra del gran cantaor nazareno que da nombre al festival…
No se puede revolucionar una música que no se domina en todos los sentidos. Sin embargo, hay que reconocer que el de Ayamonte tiene su pellizquito flamenco y que al haberse convertido en un cantaor mediático, es una buena solución para los ayuntamientos que solo piensan en llenar los auditorios, en vez de en seguir educando a los aficionados con cantaores de garantía. Una hora antes del comienzo del festival ya había una cola de cincuenta metros en la puerta del recinto. Llamaba la atención la gran cantidad de jóvenes y, sobre todo, de niños peinados a lo Pintigo. O sea, de pitinguitios. Entre pitingueros y pintinguitos, aquello parecía la Romería de Valme, con muchos pitinguitos revolcándose en el césped y decenas de pitingueros pasando constantemente por delante del escenario, sin pensar para nada en las molestias que les causaban a los demás. Lo mejor que tiene esto del cante jondo es que los buenos cantaores se ven en el escenario, y en el de Dos Hermanas, el que puso la calidad y la personalidad artística fue un Arcángel muy templado y entregado.

Arcángel cantó con mucha profundidad.
A pesar de que el onubense no está en su mejor momento, ofreció un recital de cante bastante serio -acompañado magistralmente por el guitarrista Miguel Ángel Cortés-, con una buena caña, dos estupendas malagueñas, unos tangos muy originales, una interesante cabal de Silverio y sus ya clásicos fandangos onubenses. Los que piensan que Arcángel se va a quedar a la mitad del camino, se equivocan porque está creciendo como cantaor y nos dará grandes cosas.
Si podemos hablar de un triunfador en la cita flamenca nazarena, el público dejó claro que fue el extremeño de Ruecas Miguel de Tena, que levantó al respetable en repetidas ocasiones con su voz espectacular y su repertorio de Manuel Vallejo. Miguel es un imitador, un copista, pero muy bueno. No es fácil hacer los cantes del sevillano Vallejo y los interpreta ajustándose de maravilla al arco melódico del de San Luis y, sobre todo, con su misma fuerza y precisión en el compás. La lió por fandangos y hasta arrancó grandes aplausos en la caña -que no es un cante que se preste mucho a la ojana-, estupendamente acompañado por Antonio Patrocinio.
Naturalmente, cuando el presentador, el compañero Manuel Curao, anunció al nuevo ídolo flamenco, los pitingueros y pitinguitos se apiñaron de pie al borde del escenario, con sus cámaras digitales en alto y los vaqueros dejando ver sus floreadas prendas interiores. Ahí acabó el festival de flamenco y comenzó el show de Pitingo. Hizo dos cantes muy flamencos y, en seguida, comenzó a versionar a Julio Iglesias y a otros astros de la música. Para algunos aficionados fue el momento de abandonar el recinto. También para este crítico.

Miguel de Tena levantó al público cuatro o cinco veces. Está pletórico.
Hay que destacar, por último, la pujanza de la joven Cristina Soler, que actuó como ganadora del Concurso Naranjito de Triana, de la Fundación Cristina Heeren, acompañada a la guitarra por Manuel Rodríguez, y el homenaje que se le tributó al cantaor local Rafael Castillo, un reconocimiento más que merecido. La noche acabó con la fiesta flamenca de Jerez, pero ya íbamos camino de Mairena del Alcor, donde el aire de la noche olía a cante grande. Los festivales ya no son lo que eran hace décadas.

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