domingo, 1 de mayo de 2011

EL CANTE BIEN ESCUCHAO, ES MAS CANTE

La peña de Llerena se convirtió en un aula para acoger una clase magistral de un palo del flamenco: la soleá, a cargo de Raquel Cantero.
Peña flamenca de Llerena. Viernes, nueve y media de la noche. Acompaña la temperatura, la ciudad, el apoyo de los socios a una nueva cita con el flamenco. La puerta se abre, se cierra y se vuelve a abrir, y los aficionados van acomodándose en este 'templo del cante' tal y como denominó a esta peña Calixto Sánchez hace algo más de quince años, cuando pudo comprobar en una de sus primeras actuaciones que aquí los olés no eran gratuitos. Que el silencio se escuchaba profundo y desgarrador, cada vez que el cantaor se subía al tablao. La Peña Flamenca Cultural de Llerena se encuentra situada en una histórica casa. La misma que acogía hace más de un siglo los diezmos y las primicias. Aquí, el pueblo pagaba sus tributos al gobierno y a la Iglesia con especies. Ahora regalan arte.
Entre estas históricas paredes no se escucha 'flamenquito', ni copla española. Se valora, pero no se comparte. Aquí se reúnen ortodoxos, 'catedráticos del cante' tal y como denominó a sus socios Marcelo Rodríguez Boceta, presidente de esta peña ante un sorprendido 'Cabrero', cuando vio que el público no sobrepasaba los 60 asistentes en una de sus actuaciones. Y es que este cantaor al día siguiente, reuniría en una ciudad de Barcelona a casi dos mil aficionados.
En Llerena, esta peña lleva más de veinticinco años ofreciendo festivales de primer nivel, y con mucho esfuerzo en todos los sentidos -nos asegura una de sus socias- se sigue trabajando por mantener esa premisa: la de la calidad ante todo.
Diez de la noche. La Peña Flamenca Cultural de Llerena se convierte en un aula. En una universidad al más alto nivel. En una clase magistral de palos del flamenco. Del pequeño cuarto donde se reúnen los artistas antes de un espectáculo sale Raquel Cantero. Cantaora y estudiosa del cante (está a punto de doctorarse en Flamencología por la Universidad de Sevilla). Le sigue Juan Manuel Moreno, guitarrista cacereño. Ella sonríe nerviosa a los aficionados. No es la primera vez que pisa sus tablas. Él se mantiene en silencio, agarrado al mástil de la guitarra. Otra puerta, y el lugar, donde los aficionados en 'poyetes' y sillas se preparan para recibir una clase que pondrá el por, para, qué, quien y por qué a su afición.
Antes de llegar a la pequeña escalera que sube al escenario, Raquel saluda al presidente. Él siempre se sienta en el mismo sitio. Pegado al tablado, baja la cabeza y se dedica a escuchar. Los pasos de Raquel Cantero sobre las tablas marcan el primer compás.
Un niño rompe a llorar y su madre, rápidamente, lo saca de la peña «aquí hemos venido a escuchá niño». Primera lección de flamenco. Con apenas tres años va camino de hacerse un buen aficionado.
«Buenas noches. Quiero daos las gracias y quiero agradecer a Marcelo y a la peña la labor tan inmensa que hacen por el flamenco extremeño». Raquel se presenta ante los aficionados. Hace mucho tiempo que pisó la peña por primera vez, y reconoce que para ella estar aquí, es algo especial.
«Voy a intentar que sea una clase, no sé si magistral». Sus padres, Eugenio y Nina, también cantaores, la observan desde la última fila. Javier, su novio, no para de moverse. Quiere que todo salga bien.
Raquel explica que lo importante de esta clase es que tenga una base didáctica, «sería lo más fácil coger mis folios y ponerme a leer. No es mi intención. Voy a intentar que ustedes aprendan un poquito, al igual que yo voy a aprender de ustedes».
La cantaora explica que va a ser un curso de especialización y que el palo elegido es la soleá, «y es que uno puede volverse loco de las muchas variantes que hay».
Este tipo de clases magistrales no son muy frecuentes en las peñas pacenses, de ahí la importancia de la iniciativa llerenense, que apuesta por la afición y la formación. Jornadas de especialización que en cambio sí se dan en Festivales de la talla de La Unión, en Murcia, donde durante los quince días aproximados en los que se celebra el Festival diversifican la oferta no solo con el premio a la Lámpara Minera, sino también con el estudio, entre otras actividades.
Cantero se abstiene de decir el nombre de la peña flamenca de la que contará una anécdota, «en una ocasión, cuando terminé de cantar por seguiriyas, un presidente me hizo un comentario muy poco apropiado porque me dijo que 'esa canción era muy triste', si eso viene de la boca de un presidente... en ese caso, sí tendría sentido hacer una clase magistral con todos los palos, y explicarlos de forma general. Ahí sería evidente hacerlo. Aquí no».
Sobre el escenario, la guitarra de Juan Manuel Moreno aguarda la mano o el gesto de la cantaora para hacerla sonar. En las tablas, Cantero y una pizarra analizarán la soleá, «vemos que en Alcalá hay 11 variantes, en Utrera 6, en Jerez 13, en Marchena 2 y en Triana hay localizadas 42 variantes distintas».
Los aficionados abren los ojos, relajan el cuerpo y tensan el corazón. Formación para la emoción. Clase magistral de una maestra para maestros. Silencio total. Nadie se levanta a la barra de la peña, vaya el respeto por delante.
Prosigue la clase: «todas las variantes de la soleá, sumadas, nos dan 95 variantes tal y como aseguran Luis y Ramón Soler. Estas variantes reciben el nombre de aquellos que la han recreado. Para que se den cuenta de lo complejo que puede ser el flamenco. Si esto pasa con un palo, imagínense con el resto».
Humildad, humildad y humildad. ¿no es eso lo que tanto repiten los artistas?, y es que después de escuchar a Raquel Cantero nos damos cuenta de que en este mundo tan arduo como es el flamenco necesita formación, dedicación y estudio.
Sigue el silencio en la peña flamenca y Llerena continúa respetando un evento de estas características. Ni un grito en la calle, ni una voz más alta que otra. Hay que respetar, para ser respetados. Por eso aquí, no se oye ni una mosca.
Se escuchan las seis cuerdas de la guitarra de Juan Manuel Moreno. Raquel se sacude los restos de tiza en sus manos, y deja a un lado la pizarra. Se acabó la teoría, empieza el cante. Vestida de 'paisana', Cantero mueve los folios de la mesa, se acerca el micro y se nos presenta cantaora.
Ejecuta una misma soleá en la que aprenderemos a 'ver' ocho estilos diferentes: Agustín Talega, La Roezna, o Joaquín el de la Paula. Debe ser complicado enfrentarse a un público con tanto silencio. Aquí no se regalan aplausos, no se regalan piropos, y los aficionados no 'quitan ojo'.
«Nunca se puede tomar como referencia una letra para saber el estilo de una soleá, o de cualquier palo. Una letra no sirve para identificar un palo. Lo único que diferencia unos palos de otros es su música, su melodía».
Raquel se centra en Joaquín de la Paula, un cante que denomina 'entrante'. «Si yo pinto esta música -y dibuja sobre la pizarra- podíamos decir que es muy lineal, y que termina hacia abajo». Y vuelve a cantar. Retoma la lección: «esa forma de ligar los tercios es muy característico de Joaquín Talega».
Pregunta a los aficionados: «cuando ustedes se aburran, cortamos y nos tomamos una cervecita, ¿vale?». «No, no», responden los socios de la peña. Y siguen absortos en la clase.
Raquel para y sonríe: «os veo muy serios», y el público, entregado, le responde: «no, no es que somos unos alumnos muy buenos». «Dame tono Juan Manuel, por favor», y sigue la lección.
Y sí, deben ser buenos alumnos porque hasta los más aficionados al cante pueden sentir cierto cansancio en casi dos horas de clase escuchando únicamente soleá. Teniendo en cuenta además que, tal como explicó Cantero, existen casi un centenar de formas de cantarla.
Pero nadie se mueve. Todos en sus sillas.
'La Serneta', presenta. ¿Y cómo suena este cante de La Serneta? Suena así... «Que te quiero bien lo sabes, que te quiero bien lo sabes pero no lo comunico, contigo, ni con 'naide', pero no lo comunico, contigo, ni con 'naide'», finaliza y suelta un «vale».
El mismo 'vale' que podríamos soltar cualquiera de nosotros ante un mínimo esfuerzo, y es que Cantero tras bordar una soleá de la cantaora jerezana, vuelve a hablar con una voz limpia y clara en la que no adivinamos el más mínimo detalle de sobreesfuerzo. El cante le sale natural.
Se anima la afición. El vicepresidente de la Peña, Isidoro Jaramillo pregunta a Raquel. Ella le responde que a ver si ella lo sabe, que él sabe mucho. Otra pregunta, ¿por qué se crean los estilos en el cante?, Raquel solícita le responde que «en el siglo XIX, que es cuando se recrearon la mayor parte de estos estilos, el cante se transmitía de forma oral. El cantaor lo escuchaba y luego lo hacía a su forma, así se creaba el estilo».
La noche va avanzando. Empieza a refrescar. Son las doce de la noche, y le pregunto al novio de Raquel Cantero, a Javier: «¿cómo la ves?». Bien, bien, contesta orgulloso.
Ella continúa: el estilo del Mellizo, el otro, es 'más valiente'. Valiente ella, y se agarra a la pizarra y nos canta 'el melisma más rizado' del Mellizo. Y comienzan los olé.
'Al seis, al cuatro...' Raquel desliza su voz por el mástil de la guitarra de Juan Manuel Moreno al igual que por el corazón y la mente de los aficionados se van desgranando los diferentes estilos de la soleá. Ahora con los alfareros de Triana, Raquel se pone a cantar de nuevo... Cada intérprete precisa de un tono, y la cejilla se mueve por cada traste de la guitarra convertida en abanderada de la soleá, «... que duerma quien tenga sueño, que yo no despierto a nadie...».
Y así se despidió Raquel de sus alumnos. De su afición. «Gracias por guardar tanto silencio. Espero que hayamos cumplido con el objetivo de que al menos el 10% de lo que se haya dicho aquí se lo lleven a casa, pero no como deberes, sino aprendido».
La clase se clausura con un fuerte aplauso. El aula se cierra. La pizarra se borra, y el flamenco se queda en el aire, hasta la noche siguiente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario